2002

Etxean Bezala

Habib escucha inquieto la puerta del baño, qué extraño, es temprano para ser su suegro.

Lleva más de dos horas despierto desayunando sigilosamente. La noche ha sido larga, Jontxu se ha despertado varias veces. De repente escucha que alguien se aproxima, es Miren, la reconoce por sus pasos acompasados y lentos, aún estará somnolienta.

Están entusiasmados, hoy a las diez les entregarán finalmente las llaves de una nueva casa. Habib, Miren y Jontxu tendrán su nuevo hogar. Hace más de un año les enseñaron los planos de su futura vivienda en ese mismo lugar. El número 163 de la calle Ategorrietako Galtzada Zaharra será el testigo cómplice del inicio de su nueva vida.

No estamos solo ante un edificio representativo de oficinas, sino también ante el lugar en el que se inicia el relato de la nueva vida de Habib, Miren y Jontxu. Ese efecto de encantamiento que debe producir toda obra arquitectónica, cargada de sentimientos, de ensueños, de evocaciones; una historia que se inicia aquí. En Ategorrieta se escribirán sus primeras palabras llenas de entusiasmo y expectación. Aquí accederán a su primera casa, su nuevo rincón del mundo, su universo.

Toda la propuesta acompaña este momento, la separación de sus espacios,
la elección de los materiales, la relación con la calle, la organización de los accesos. Es arquitectura hecha para remarcar este momento crucial, donde las familias como la de Habib, Miren y Jontxu conformarán el sitio alrededor del cual se va a organizar y desarrollar su vida.

Presupuesto
1.150.000 €
Cliente
Alokabide
Año
2020
Colaborador
Xortu S.L.
Tipología
Oficinas
Localización
Donosti, Gipuzkoa
Escala
700m2
El proyecto busca el contraste entre una planta baja hermética e intimista, de materiales cerámicos, y una planta superior abierta y extrovertida, con la madera como elemento protagonista. Consiste en una piel que se trasforma en un elemento ligero y abierto en planta primera, potenciando su escala urbana, generando espacios abiertos como la gran terraza para eventos y las salas de mayor confluencia de visitantes.
Se unifica la comunicación vertical situándola en el centro de la propuesta, de manera que se articule la unión entre la zona a rehabilitar y la nueva ampliación, optimizando las circulaciones. La entrada principal se origina entre el edificio existente y la nueva propuesta, reduciendo al mínimo el contacto con la fachada existente.
El zócalo subraya la capacidad tectónica del ladrillo en función de una mayor o menor apertura, dándole iluminación, ventilación, cobijo y movimiento a los espacios arquitectónicos que se encuentran tras él. Lógica constructiva que se aplica de igual forma para la piel superior de lamas de madera que encierran y protegen el espacio de representación de la planta primera.
En lo que a la sostenibilidad se refiere, el revestimiento de la fachada es el que regula el confort interior. La piel cerámica vinculada a la actividad diurna de atención al público permite aprovechar sus cualidades físicas, como su inercia térmica. La celosía de madera actúa como sumidero de CO2 en el conjunto. Las lamas se separan o se aproximan entre sí dependiendo de la orientación y la exposición directa al sol. Paralelamente, se complementa esta protección con un lucernario lineal orientado a norte haciendo las labores de ventilación cruzada por efecto Venturi y ofreciendo una iluminación constante e indirecta.